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SANTORAL LITÚRGICO

El Niño Dios a nacido en Belén

HIMNO A SAN JOSÉ

HIMNO A SAN JOSÉ

Hoy a tus pies, ponemos nuestra vida; Hoy a tus pies, ¡Glorioso San José! Escucha nuestra oración, Y por tu intercesión, Obtendremos, la paz del corazón; En Nazaret, junto a la Virgen Santa, En Nazaret ¡Glorioso San José! Cuidaste al niño Jesús, Pues por tu gran virtud, Fuiste digno custodio de la luz. Con sencillez humilde carpintero; Con sencillez ¡Glorioso San José! Hiciste bien tu labor, obrero del Señor, Ofreciendo, trabajo y oración. Tuviste fe, en Dios y su promesa; Tuviste fe, ¡Glorioso San José! Maestro de oración, alcanzarnos el don, De escuchar, y seguir la voz de Dios:

viernes, 26 de octubre de 2018

NOVENA A LA CAPA SANTA DE SAN JOSÉ

Novena para pedir el amparo bajo el manto sagrado de San José para honrarlo y pedirle su patrocinio

La Novena:

1.- Esta novena en honor de San José es llamada el Santo Manto de San José, para merecer el patrocinio de este gran santo de una manera particular y especial y a la vez tributarle honor.

2.- Es para ser recitada durante treinta días consecutivos en la memoria de los treinta años de San José en compañía de Jesús, Hijo de Dios. Si por alguna razón usted no puede recitar la oración de un día en particular, usted puede compensarla al recitarla el día 30, las veces que le faltó rezar la oración de la novena.

3.- Las gracias extraordinarias obtenidas por esta oración son innumerables. De hecho, Santa Teresa, dijo: " Si usted quiere realmente creer en él, pruébelo recitando la novena y finalmente se convencerá."

4.- Es más eficaz esta novena cuando se hace oración por las almas del Purgatorio.

 Con la misma solicitud que ayudamos a secar las lágrimas de las almas que sufren, podemos esperar que San José, nos ayudará a secar nuestras lágrimas en nuestras necesidades. De esta manera, La Capa Santa de San José se extiende sobre nosotros y nos servirá como un escudo contra todos los peligros que nos acechan, de modo que podamos un día, con la gracia de Dios, obtener la salvación eterna.

Nuestro Señor y Nuestra Señora nos invita a amar, honrar y rezar a San José:

El mismo Jesús dijo a Santa Margarita, "Me gustaría que todos los días se ofrezcan oraciones especiales a mi madre y a San José, mi más dulce guardián.

"La Santísima Virgen le dijo a la Venerable Sor María de Jesús de Ágreda con relación a San José:

"Usted debe asegurarse de aumentar continuamente su amor y dedicación a este gran santo. En todas sus necesidades, usted debe servirse de su protección, bajo todas las circunstancias usted debe animar a tantas personas como le sea posible hacia esta devoción, de hecho, lo que mi devoto esposo pide en el cielo, Dios todopoderoso lo concederá en la Tierra"






Se reza todo hasta el final cada día, hasta completar la novena.   

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. R. Amén.

 Jesús, María y José, les doy mi corazón y el alma mía.

A nuestro Padre Celestial en acción de gracias por haber exaltado a San José a una posición de dignidad tan excepcional. (Recitar 3 Gloria...)


I

Oh Glorioso Patriarca San José, yo humildemente me postro ante ti. Ruego al Señor Jesús, a tu Esposa Inmaculada, la Virgen María, y todos los Ángeles y los Santos en la Corte Celestial, que me acompañen en esta devoción.

Te ofrezco este Manto precioso, mientras que prometo mi más sincera fe y devoción. Me comprometo a hacer todo en mi poder para honrarte a lo largo de mi vida para probar mi amor por ti.

Ayúdame, San José. Asísteme ahora y durante toda mi vida, pero especialmente en el momento de mi muerte, como tu fuiste asistido por Jesús y María, para unirnos un día en el Cielo y allí honrarte por toda la eternidad. R. Amén.


II

 Oh Glorioso Patriarca San José, postrado, delante de ti y de tu Divino Hijo, Jesús, te ofrezco, con sincera devoción, este precioso tesoro de la oración, siendo siempre consciente de las numerosas virtudes que adornan tu sagrada Persona.

En ti, Oh Glorioso Patriarca, se cumplió el sueño de tu precursor del primer José, que de por sí parece haber sido enviado por Dios para preparar el camino para tu presencia en esta tierra.

De hecho, no sólo te ha rodeado por el esplendor luminoso de los rayos del Sol Divino, de Jesús, sino que también tú fuiste espléndidamente reflejado en la brillante luz de la luna mística, la Santísima Virgen María.

 Oh Glorioso Patriarca, si el ejemplo del anciano Jacob, quien fue personalmente a felicitar a su hijo predilecto, quien fue exaltado en el trono de Egipto, sirvió para traer a todos sus descendientes allí, acaso no, deben el ejemplo de Jesús y María, que te honran con su mayor respeto y confianza, servirme para llevarme a mi tu fiel devoto, que me presente a ti con este Manto precioso en tu honor.

 Concédeme, oh Gran San José, que Dios Todopoderoso puede a su vez dirigir una mirada benévola hacia mí. Pues el ancestral José no rechazó a sus hermanos culpables y crueles, sino más bien los acepto con amor y protección y los salvó del hambre y la muerte, te lo suplico, Oh Glorioso Patriarca, a través de tu intercesión, haz que el Señor nunca me abandone en este exilio de valle de dolores.

 Haz que él siempre me nombre como uno de sus fieles siervos que viven tranquilos y seguros, bajo el patrocinio de tu Manto Santo.  Haz que yo pueda vivir siempre dentro de la protección de este patrocinio, todos los días de mi vida y sobre todo en el momento en que respire mi último aliento. R. Amén.

I

  Yo te saludo oh Glorioso San José, tú que estás encargado de invaluables tesoros del Cielo y la Tierra y eres el Padre adoptivo de Aquel que nutre a todas las criaturas del universo. Tú eres, después de María, el santo más digno de nuestro amor y devoción.

Tú solo, por encima de todos los Santos, has sido elegido para ese honor supremo de la crianza, orientación, de alimentar e incluso abrazar al Mesías, a quien tantos reyes y profetas habrían deseado mirar.

  San José, salva mi alma y obtén para mí de la Divina Misericordia de Dios la petición que te ruego humildemente _________  Y para las almas del Purgatorio, concédeles un gran alivio en su dolor.

A nuestro Padre Celestial en acción de gracias por haber exaltado a San José a una posición de dignidad tan excepcional. (Recitar 3 Gloria...)


II

  Oh poderoso San José, tú fuiste proclamado patrono de la Iglesia Universal, por lo tanto, yo pido tu auxilio, por encima de todos los otros Santos, como el mayor protector de los afligidos, y ofrezco incontables bendiciones a tu generosísimo corazón, siempre dispuesto a ayudar en cualquier necesidad.

  A ti, oh Glorioso San José, vienen las viudas, los huérfanos, los abandonados, los afligidos, los oprimidos. No hay dolor, angustia o agonía que no has consolado. Dígnate, te ruego, utilizar en mi nombre los dones que Dios te ha dado, hasta que a mí también me concedas la respuesta a mi petición y que las almas benditas del purgatorio, recen a San José por mí.

 A nuestro Padre Celestial en acción de gracias por haber exaltado de San José a una posición de dignidad tan excepcional. (Recitar 3 Gloria...)


III

  Innumerables son aquellos que han rezado a ti antes que yo y han recibido consuelo y paz, gracias y favores. Mi corazón, tan triste y doloroso, no puede encontrar reposo en medio de esta prueba que me acosa.

Oh Glorioso San José, tú sabes todas mis necesidades, incluso antes de que las pronuncie en la oración. Tú sabes lo importante que esta petición es para mí. Me postro ante ti mientras suspiro bajo el peso del problema que se enfrenta a mí.

  No hay corazón humano en el cual pueda confiar mi dolor, y aunque me encuentre a un ser compasivo que estaría dispuesto a asistirme, todavía no podría ayudarme. Sólo tú puedes ayudarme en mi dolor, San José, y te ruego oigas mi súplica.

Acaso No ha dejado Santa Teresa escrito en sus diálogos que el mundo debe siempre saber: "Todo lo que pidáis de San José, lo recibiréis."

  Oh San José, consolador de los afligidos, ten piedad de mi tristeza y compadécete de las pobres almas que ponen en ti tanta esperanza en sus oraciones.

A nuestro Padre Celestial en acción de gracias por haber exaltado a San José a una posición de dignidad tan excepcional. (Recitar 3 Gloria...)


IV

1. Oh Sublime Patriarca San José, a causa de tu perfecta obediencia a Dios, interceder por mí.

2. Por tu santa vida llena de gracia y de méritos, oye mi oración.

3. Por tu nombre dulcísimo, ayúdame.

4. Por tus lágrimas santísimas, confórtame.

5. Por tu siete dolores, intercede por mí.

6. Por tus siete alegrías, consuélame.

7. De todo mal del cuerpo y del alma, líbrame.

8. De todos los peligros y desastres, sálvame.

9. Ayúdame con tu poderosa intercesión y obtenme, por tu poder y misericordia, *todo lo necesario para mi salvación y en particular el favor que ahora te presento con gran necesidad _____________ .

A nuestro Padre Celestial en acción de gracias por haber exaltado a San José a una posición de dignidad tan excepcional. (Recitar 3 Gloria...)


V

  Oh Glorioso San José, son innumerables las gracias y favores que has obtenido para las almas afligidas. Asistes a los Enfermos de cualquier naturaleza, ayudas a los oprimidos, perseguidos, traicionados, privado de todo consuelo humano, incluso aquellos que necesitan del pan de vida,  todos los que imploran tu poderosa intercesión son consolados en su aflicción.

  Oh querido San José, no permitas que yo sea el único de todos los que han apelado a ti, a quien niegues esta petición que yo tan ardientemente te suplico. Demuéstrame incluso a mí, tu bondad y generosidad, para que pueda gritar en acción de gracias, "¡Gloria eterna a nuestro Santo Patriarca San José, mi gran protector en la Tierra y el defensor de las Almas Santas en el Purgatorio."

A nuestro Padre Celestial en acción de gracias por haber exaltado a San José a una posición de dignidad tan excepcional. (Recitar 3 Gloria...)


VI

  Eterno Padre, que estás en el cielo, por los méritos de Jesús y María, te ruego me concedas mi petición.

En el nombre de Jesús y María, me postro ante tu presencia Divina y te ruego que aceptes mi súplica llena de esperanza para perseverar en la oración para que pueda ser contado entre la multitud de aquellos que viven bajo el patrocinio de San José.

Extiende tu bendición sobre este precioso tesoro de las oraciones que ofrezco hoy a él como prenda de mi devoción.

A nuestro Padre Celestial en acción de gracias por haber exaltado a San José a una posición de dignidad tan excepcional. (Recitar 3 Gloria...)



1.San José, ruega para que Jesús pueda entrar en mi alma y me santifique. 

2.San José, ruega para que Jesús pueda entrar en mi corazón e inspirarme con la caridad. 

3.San José, ruega para que Jesús pueda entrar en mi mente y me ilumine. 

4.San José, ruega para que Jesús pueda guiar mi voluntad y la refuerce. 

5.San José, ruega para que Jesús pueda dirigir mis pensamientos y purificarlos. 

6.San José, ruega para que Jesús pueda guiar mis buenos deseos y dirigirlos. 

7.San José, ruega para que Jesús pueda mirar mis acciones y extienda sobre mi sus bendiciones. 

8.San José, ruega para que Jesús me inflame de amor por él. 

9.San José, solicita de mi parte a Jesús la imitación de tus virtudes. 

10.San José, pide de mi parte a Jesús un verdadero espíritu de humildad . 

11.San José, pide de mi parte a Jesús mansedumbre de corazón. 

12.San José, pide de mi parte a Jesús la paz del alma. 

13.San José, pide de mi parte a Jesús el santo temor del Señor. 

14.San José, pide de mi parte a Jesús un deseo de perfección. 

15.San José, pide de mi parte a Jesús una dulzura de corazón. 

16.San José, pide de mi parte a Jesús un corazón puro y caritativo. 

17.San José, pide de mi parte a Jesús la sabiduría de la fe. 

18.San José, pide de mi parte a Jesús su bendición de la perseverancia de mis buenas obras. 

19.San José, pide de mi parte a Jesús la fuerza para llevar mis cruces. 

20.San José, pide de mi parte a Jesús el desprecio por los bienes materiales de este mundo. 

21.San José, pide de mi parte a Jesús la gracia de caminar siempre en el camino angosto hacia el Cielo. 

22.San José, pide de mi parte a Jesús la gracia de evitar toda ocasión de pecado. 

23.San José, pide de mi parte a Jesús un deseo santo de la felicidad eterna. 

24.San José, pide de mi parte a Jesús la gracia de la perseverancia final.

25.San José, no me abandones. 

26.San José, ruega que mi corazón nunca deje de amarte y que mis labios nunca dejen jamás de elogiarte. 

27.San José, por el amor que le tienes a Jesús, haz que yo pueda aprender a amarlo. 

28.San José, amablemente acéptame como tu fiel devoto. 

29.San José, yo me entrego a ti, acepta mis ruegos y escucha mi oración. 

30.San José, no me abandones en la hora de mi muerte.

T. Jesús, María y José, les doy mi corazón y el alma mía. 

A nuestro Padre Celestial en acción de gracias por haber exaltado a San José a una posición de dignidad tan excepcional. (Recitar 3 Gloria...)


I

  Acuérdate, oh purísimo esposo de María y mi amadísimo guardián, San José, que jamás se ha oído decir que alguno de los que han implorado tu protección y pedido tu ayuda, ha sido dejado sin consuelo.

Animado con esta confianza, acudo a ti con todo el fervor de mi espíritu, me encomiendo a ti. No desprecies mi súplica, oh Padre Adoptivo del Salvador, antes bien, dígnate recibirla favorablemente y concedérmela. R. Amén.


II

  Glorioso San José, esposo de la Santísima Virgen María y virginal padre de Jesús, guárdame y vela por mí, llévame por el camino de la gracia santificante, presta atención a las necesidades urgentes que ahora te pido que envuelvas dentro de los pliegues de tu manto paternal.

Aparta de mí, los obstáculos y las dificultades que se encuentran en el camino de mi oración y concede que la feliz respuesta a mi petición pueda servir para la mayor gloria de Dios y mi salvación eterna.

Como prenda de mi eterna gratitud, me comprometo a difundir la noticia de tu gloria, mientras que daré gracias al Señor por tener tanta bendición de tu poder y maravillas en el Cielo y la Tierra. R. Amén.


1.Señor, ten misericordia de nosotros

2.Cristo, ten misericordia de nosotros.

3.Señor, ten misericordia de nosotros.

4.Cristo óyenos.

5.Cristo escúchanos.

6.Dios Padre celestial, R. ten misericordia de nosotros.

7.Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

8.Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

9.Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

10.Santa María, R. ruega por nosotros.


11.San José, R. ruega por nosotros.

12.Ilustre descendiente de David,  ruega por nosotros.  

13.Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.  

14.Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.  

15.Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.

16.Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.  

17.Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.  

18.Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.  

19.José, justísimo, ruega por nosotros.  

20.José, castísimo, ruega por nosotros.  


21.José, prudentisimo, ruega por nosotros.  

22.José, valentísimo, ruega por nosotros.  

23.José, fidelísimo, ruega por nosotros.  

24.Espejo de paciencia, ruega por nosotros.  

25.Amante de la pobreza, ruega por nosotros.  

26.Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.  

27.Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.  

28.Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.  

29.Sostén de las familias, ruega por nosotros.  

30.Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.  


31.Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.  

32.Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.  

33.Terror de los demonios, ruega por nosotros.  

34.Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.

35.Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.

36.Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,

37.Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.

V.- Le estableció señor de su casa.

R.- Y jefe de toda su hacienda.

Oremos

 Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tenerle por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén


Oh Glorioso Patriarca San José, tú que fuiste elegido por Dios por encima de todos los hombres para ser la cabeza terrenal de la más santa de las familias, te ruego que me aceptes en los pliegues de tu manto sagrado, que llegues a ser el guardián y custodio de mi alma.

A partir de este momento, yo te elijo como mi padre, mi protector, mi consejero, mi Santo Patrón y te ruego que custodies mi cuerpo, mi alma, todo lo que soy, todo lo que poseo, mi vida y mi muerte.

 Mírame como uno de tus hijos; defiéndeme de la traición de mis enemigos, invisibles o visibles, ayúdame en todo momento en todas mis necesidades, consuélame en las amarguras de mi vida, y especialmente a la hora de mi muerte.

Di tan solo una palabra a mí favor al Divino Redentor a quien tú fuiste considerado digno de sostenerlo en tus brazos, y ser digno de la Santísima Virgen María, tu castísima esposa. Pide para mí las bendiciones que me llevarán a la salvación. Inclúyeme dentro de los más queridos por ti y yo te demostraré que soy digno de tu especial amparo. R. Amén.


  A ti clamamos en las tribulaciones, Oh Bendito San José, suplicamos con confianza tu amparo, después de la de tu santísima esposa, la Virgen María.

  Por ese enlace sagrado de devoción que te ligó a la Virgen Inmaculada, Madre de Dios, y por el amor paternal que prodigaste al niño Jesús, te pedimos echar una mirada sobre los dones celestiales que el Divino Redentor ha obtenido para toda la humanidad a través de su Preciosa Sangre y por tu poder y misericordia, ayúdanos en nuestras necesidades.

 Oh Santo protector de la Sagrada Familia, protégenos a nosotros los niños de nuestro Señor Jesucristo, mantén lejos de nosotros los errores y males que corrompen el mundo, ayúdanos desde el cielo en nuestras luchas contra los poderes de las tinieblas.

Como tú una vez protegiste al Divino Niño de la crueldad del edicto de Herodes, ahora defiende la iglesia y mantenla segura de todos los peligros y amenazas, reparte sobre todos nosotros tu Santo amparo, para que siguiendo tu ejemplo y con la ayuda de tu guía espiritual, todos podamos aspirar a una vida virtuosa, una muerte santa y asegurar para nosotros la bendición de la felicidad eterna en el Cielo. R. Amén.


Bendito San José: colocamos en tu Corazón castísimo, el valor de la indulgencia plenaria que la Iglesia nos permite ganar con el rezo de esta novena, orando por las intenciones del Romano Pontífice y las de la Santa Madre Iglesia.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria


* Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Que las almas de todos los fieles difuntos por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. R. Amén.



viernes, 19 de octubre de 2018

CANTOS DEL CENACULO

LA HISTORIA DEL MANTO DE SAN JOSÉ


La desconocida historia del manto de San José

"Dios ha determinado bendecir todas aquellas familias que se pongan bajo el Manto protector"

Este 19 de marzo en el cielo y en la tierra se celebra la fiesta de San José, el padre a quien Dios le confió su Hijo Jesús y que en virtud de haber dado buena batalla es patrono de la Iglesia y de la familia.

      Cuentan las antiguas tradiciones conservadas en los primeros monasterios de vida contemplativa y transmitidas hasta nuestros días, que San José es solícito en mediar ante Dios para que en su misericordia conceda las gracias necesarias a quienes acuden orantes a él. Conocida entre sus devotos es la Novena llamada “Santo Manto de San José” que está inspirada en una historia hecha leyenda, conservada por la tradición oral de la Iglesia desde siglos y que Portaluz comparte para sus lectores…


El manto de San José

San José debía ir a las montañas de Hebrón, donde tenía ajustada una partida de madera, y lo había ido dilatando día tras día hasta ver si podía reunir todo el dinero; pero fue en vano. Las cosas de los pobres, se hacen sus cuentas y casi nunca les salen como lo pensaron, José no tenía reunido más que la mitad del dinero y el caso es que no podía esperar más tiempo; era necesario servir a los parroquianos y por tanto partir a por la madera.

—Si te parece bien –le dijo la Santísima Virgen María-, lo pediré a los parientes.
—Yo iré -contestó José.
—No, esposo mío -suplicó María-; has de hacer un largo viaje y no te debes cansar -y cubriendo su cabeza según la costumbre, salió de casa. Al regresar le dijo:

—No hay dinero. Lo he pedido en varias casas, y todas se han excusado; indudablemente es que no tienen, porque si hubieran tenido ¿cómo se habrían de negar a darlo? Pero he pensado una cosa, -continuó María, procurando ocultar tras una dulce sonrisa el sentimiento que su corazón sentía-;… he pensado que dejes el manto en prenda y con eso el dueño de la madera se dará por satisfecho.

—No has pensado mal -dijo San José, bajando sus ojos, porque su esposa no los viera arrasados en lágrimas.
—Adiós, esposo mío -dijo María al despedirle-. El Dios de Abraham te acompañe y su ángel te dirija.
—Adiós esposa mía; procuraré volver pronto.
Y marchó el santo con la mitad del dinero y el manto nuevo que María le había regalado en el día de su boda.


—Dios te guarde, Ismael, -dijo el Santo padre de Jesús cortésmente al llegar a la presencia del dueño de los troncos contratados.
—¿Vienes ya por la madera? -fue la contestación al saludo de José-; bien podías haber venido antes; en poco ha estado que te quedes sin ninguna.

Ismael tenía mal genio, era un avaro sin entrañas, en su casa no había visto nunca la paz, su pasión era el dinero y todo esto lo conocía José desde que le estaba tratando, por lo cual podemos presumir la poca confianza y el miedo que había de tener por declarar el estado de su bolsillo. Escogió los maderos, apartándolos a un lado, y cuando ya iba a partir para Nazaret, llegado el momento supremo, llamó aparte a Ismael, y le habló de esta manera:

—¡Dispénsame que no traigo más que la mitad del dinero; tú sabes que siempre te he pagado al contado. Espérame y ten paciencia y te pagaré hasta el último cuadrante; quédate con esta capa en prenda.

Ismael quiso que se llevará la mitad de los troncos, protestó y volvió a protestar, de tal manera, que estuvo a punto de desbaratarse el contrato, pero al cabo cedió aunque no de muy buen grado, quedándose con el manto de boda de San José.

El avaro Ismael tenía enfermos los ojos hacía tiempo con úlceras, y a pesar de invertir en médicos y medicinas no había logrado la salud; casi había perdido la esperanza de sanar; por lo cual se llenó de sorpresa a la mañana siguiente cuando se encontró que sus ojos estaban sanos como si nunca hubiese padecido.
—¿Qué es esto? -se decía-. ¡Ayer enfermos con úlceras incurables, según opinión de los médicos, y hoy sanos sin medicina alguna!

No dio Ismael con la causa y al llegar a su casa contó a su esposa el prodigio. Eva, que así se llamaba ésta, era un verdadero basilisco, tenía un genio de fiera, y desde que se había casado con Ismael jamás había tenido paz, ni dicha, ni tranquilidad, ni gusto en el matrimonio; pero aquella noche estaba hecha una cordera. ¡Qué dulzura en sus palabras! ¡Qué mansedumbre! ¡Qué alegría en su rostro antes sombrío y arrugado por la ira: "¿Qué es esto? ¿Qué variación es esta? ¿Quién habrá traído este cambio?" se preguntaba a sí mismo el esposo.

—Toma este manto y guárdalo por ahí -le dijo a Eva-. Es de José, el carpintero de Nazaret, y ha de venir a llevárselo; este manto debe ser el que ha traído la paz y la tranquilidad de esta casa -dijo casi pensarlo el esposo-. Desde que lo puse sobre mis hombros para traerlo, siento en mí tal mudanza, tales afectos y tales deseos, que no puede ser otra la causa. Oyeron entonces ruido en el establo y, cortando la conversación, se tiró del lecho Ismael y acudió a ver lo que era.

Una vaca, la mejor, la más gruesa, se retorcía en el suelo presa de un dolor horrible. ¡Pobre animal! A pesar de los remedios que ambos esposos le prodigaron no se mejoraba; al contrario, parecía que iba a expirar. Se acordó Ismael del Manto de José y comunicó a Eva su pensamiento; nada perdían. Pero si la vaca sanaba, sabrían que el Manto era la causa de su dicha y del bienestar que disfrutaban.

Fue nada más ponerle la capa y el animal se levantó del suelo donde antes se retorcía por la fuerza del dolor. La vaca se puso a comer como si nada hubiese pasado.
—¿Lo ves? -dijo Ismael-, este manto es un tesoro. Desde que él está en nuestra compañía, somos felices. Conservemos esta prenda de los cielos; no nos desprendamos de ella ni aunque nos dieran todo el oro del mundo.

—¿Ni al mismo dueño se la devolveremos?-dijo Eva inquieta.
—Ni al mismo dueño -contestó resueltamente Ismael.
—Entonces -dijo Eva- le compraremos otra mejor que ésta, en el mercado de Jerusalén, y si te parece bien iremos los dos a llevársela.
—Sí -contestó el marido-. Yo le perdono la deuda y además estoy dispuesto a darle de aquí en adelante toda la madera que necesite.
—¿No has dicho que tiene un hijo llamado Jesús? -preguntó Eva-. Le llevaré de regalo un par de corderos blancos y un par de palomas como la nieve, y a María aceite y miel. ¿Te parece bien, esposo mío?
—Todo me parece bien –contestó-. Mañana iremos a Jerusalén y desde allí a Nazaret.

Cuando estaban los camellos preparados para el viaje, llegó jadeante el hermano menor de Ismael, diciendo que la casa de su padre estaba ardiendo y había que llevar el Manto del Carpintero, con el fin de apagar el incendio. No había tiempo que perder.

 Los dos hermanos corrieron precipitadamente a la casa del padre y al llegar, cortaron un pedazo del milagroso manto y lo arrojaron al fuego. No hubo necesidad de derramar una sola gota de agua; aquello fue bastante para atajar el incendio y apagarlo. 
Las gentes se admiraron al ver el prodigio y bendijeron al Señor.
—Qué fue -preguntó Eva al verlos llegar- ¿se ha apagado el fuego?
—Sí -contestó el esposo lleno de satisfacción-; un pedazo del manto ha bastado para realizar el milagro.

Días después se bajaron de sus camellos a la puerta del Carpintero de Nazaret. Ismael, el antiguo usurero y Eva su esposa, venían llenos de humildad a postrarse a los pies de José y María y a hacerles varios regalos. Al verlos San José y la Santísima Virgen María creyeron que vendrían reclamando la deuda y se llenaron de tristeza porque aún no tenían el dinero reunido. Pero el entrar en la casa donde José, María y el Niño Jesús estaban, se pusieron ambos de rodillas, y tomando la palabra Ismael, dijo:

—Venimos mi esposa y yo a darte las gracias por los inmensos bienes que hemos recibido del cielo desde que me dejaste el manto en prenda; y no nos levantaremos de aquí sin obtener tu consentimiento de quedarnos con él para que siga protegiendo mi casa, mi matrimonio, mis intereses y mis hijos.

—Levantaos -dijo José, tendiéndoles las manos para ayudarles.
—iOh, santo Profeta! -respondió Ismael en un arrobo espiritual-; permite hablar a tu siervo de rodillas y escucha estas palabras: Yo estaba enfermo de los ojos y por medio de tu manto se han curado; era usurero, altivo, rencoroso y hombre sin entrañas y me he convertido a Dios; mi esposa estaba dominada por la ira y ahora es un ángel de paz; me debían grandes cantidades y las he cobrado todas sin costarme trabajo alguno; estaba enferma la mejor de mis vacas y ha sanado de repente; se incendió, en fin, la casa de mi padre y se apagó el fuego instantáneamente al arrojar en medio de las llamas un pedazo de tu manto.

—¡Loado sea Dios por todo! -dijo bajando los ojos el santo Carpintero-. Levantaos, que no está bien que estéis de rodillas delante de un hombre tan miserable como yo.
—Aún no he terminado -respondió Ismael-. Tú no eres un hombre como los demás, sino un Santo, un Profeta, un ángel en la tierra. Te traigo un manto nuevo, de los mejores que se tejen en Sidón; a María tu esposa, le traemos aceite y miel, y a Jesús, tu hijo, le regala mi esposa un par de corderos blancos y un par de palomas más blancas que la nieve del Líbano. Aceptad estos pobres obsequios, disponed de mi casa, de mis ganados de mis bosques, de mis riquezas, de todo lo que poseemos, y... ¡no me pidáis vuestro manto!

— Quedaos con él, ¡en buena hora! -dijo el Santo Carpintero-; y gracias, muchas gracias por vuestros ofrecimientos y regalos.
Y mientras se levantaban del suelo y acercaban los presentes, les dijo María:
—Sabed, buenos esposos, que Dios ha determinado bendecir todas aquellas familias que se pongan bajo el Manto protector de mi santo esposo. No os extrañen pues los prodigios obrados; otros mayores veréis; amad a José, servidle, guardad el Manto, divididlo entre vuestros hijos, y sea ésta la mejor herencia que les dejéis en el mundo.

…Y es sabido que los esposos guardaron fielmente los consejos de la Santísima Virgen María y fueron siempre felices, lo mismo que sus hijos y los hijos de sus hijos.



sábado, 13 de octubre de 2018

ANTIGUA ORACIÓN A SAN JOSÉ






 

ANTIGUA ORACIÓN A SAN JOSÉ

 

Está antigua oración a San José, "es conocida por no fallar nunca".

Reza con fe y pide un beneficio espiritual

Aunque san José nunca dijo una sola palabra en las Escrituras, su silencioso ejemplo de fidelidad, obediencia y cuidado para con la Sagrada Familia durante los años de formación de Jesús hizo de él uno de los santos más queridos del cristianismo.

 

Se estima que la devoción al padre adoptivo de Jesús comenzó entre los siglos III y IV. Pero, según el libro de oración Pietá, hay una oración a san José que data del año 50:

 

“Esta oración fue encontrada en el año 50 de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En 1505, fue enviada por el Papa al emperador Carlos, cuando él estaba yendo a la batalla [de Lepanto].

 

PROMESAS:

Quien lea esta oración, la escuche o la guarde consigo nunca morirá de muerte repentina ni se ahogará, ni le afectará el veneno o caerá en las manos del enemigo, ni será quemado en cualquier fuego o derrotado en la batalla.

 

Reza esta oración durante nueve mañanas por cualquier intención. Ella es conocida por no fallar nunca”.

 

  Aquí está la oración que “es conocida por no haber fallado nunca, que ofrece el pedido para el beneficio espiritual para quien está rezando o para la persona por la que se está rezando”:

 

Oh san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos.

 

Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, Te tribute mi agradecimiento y homenaje.

 

Oh san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.

 

¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mí! Amén.

 

Recuerda: Dios siempre atiende nuestras oraciones. Pero nosotros no siempre esperamos las respuestas que recibimos.